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Filtración del aceite de transmisión: función, condiciones de funcionamiento y buenas prácticas de mantenimiento
Filtración del aceite de transmisión: función, condiciones de funcionamiento y buenas prácticas de mantenimiento
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Filtración del aceite de transmisión: función, condiciones de funcionamiento y buenas prácticas de mantenimiento

La transmisión desempeña un papel estratégico en cualquier máquina: adapta y transfiere la potencia generada por el motor hasta los componentes encargados de realizar el trabajo. Sometida de forma permanente a elevadas cargas mecánicas y a variaciones de temperatura, depende en gran medida de un elemento esencial para su correcto funcionamiento: el aceite o fluido de transmisión. Sin embargo, este fluido solo puede cumplir adecuadamente su función si mantiene un nivel de limpieza adecuado. Aquí es donde interviene la filtración, un factor que influye directamente en la vida útil de los componentes, la disponibilidad de los equipos y el control de los costes de mantenimiento.

¿Para qué sirve una transmisión?

La transmisión adapta la velocidad, el par o el sentido de giro para proporcionar el movimiento necesario a los diferentes componentes de una máquina. Una caja de cambios permite seleccionar la relación más adecuada en función de las condiciones de uso; un reductor disminuye la velocidad de giro y aumenta el par; un diferencial distribuye el par entre las ruedas o los ejes; y una transmisión hidrostática utiliza un fluido a presión para transmitir la potencia entre una bomba y un motor hidráulico.
Las transmisiones se utilizan en aplicaciones muy diversas: desde la tracción de las ruedas de un automóvil o de un vehículo industrial hasta el accionamiento de una cinta transportadora, una bomba, una trituradora o un compresor. No se trata, por tanto, de un único componente, sino de diferentes soluciones mecánicas o hidráulicas que permiten aprovechar eficazmente la energía generada por el motor y garantizar un funcionamiento eficiente de la máquina.

Los distintos tipos de transmisión

Según el tipo de vehículo o máquina, pueden emplearse distintas tecnologías de transmisión:
Por un lado, las transmisiones mecánicas transmiten la potencia mediante componentes como engranajes, ejes y embragues. Este sistema se utiliza, entre otros, en cajas de cambios manuales, grupos diferenciales y reductores.
Por otro, las transmisiones automáticas y las Powershift también emplean engranajes, pero automatizan los cambios de relación mediante sistemas de embrague y accionamiento hidráulico o electrohidráulico. En las transmisiones Powershift, los embragues multidisco permiten cambiar de marcha manteniendo la transmisión de potencia. Algunas transmisiones automáticas convencionales incorporan además un convertidor de par.
Y las transmisiones hidrostáticas funcionan de forma diferente: la potencia se transmite mediante un fluido a presión entre una bomba y un motor hidráulico. Este sistema permite modificar la velocidad de forma progresiva y continua y es habitual, especialmente, en maquinaria de obras públicas, maquinaria agrícola y equipos de manutención.

La función del aceite en una transmisión

El aceite desempeña un papel esencial en el funcionamiento de estos sistemas. Una de sus principales funciones es lubricar las piezas en movimiento para reducir la fricción y limitar el desgaste de engranajes, rodamientos, ejes o embragues.
También contribuye a la refrigeración, al evacuar parte del calor generado por la fricción y por las cargas mecánicas. En transmisiones automáticas, Powershift o hidrostáticas, el fluido puede cumplir además otras funciones. Puede utilizarse para accionar embragues, controlar determinados componentes hidráulicos y, dependiendo de la tecnología utilizada, participar directamente en la transmisión de potencia.
Por último, el aceite ayuda a proteger los componentes frente a la corrosión y transporta las partículas y residuos derivados del desgaste hasta los sistemas de filtración. Para cumplir correctamente todas estas funciones, el fluido debe conservar sus propiedades a pesar de las cargas elevadas, los cambios de temperatura y las exigentes condiciones de funcionamiento a las que puede estar sometida la transmisión.
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Componentes sometidos a fuertes exigencias

Engranajes, rodamientos, ejes, cojinetes, juntas de estanqueidad, discos de embrague, bombas y motores hidráulicos trabajan bajo carga y están sometidos a variaciones de velocidad, vibraciones, impactos y temperaturas elevadas, que pueden superar los 90 °C en algunos circuitos hidrostáticos en funcionamiento continuo. En maquinaria móvil, los arranques frecuentes, las fases de frenado y los cambios bruscos de carga aumentan todavía más las exigencias a las que está sometido el conjunto de la transmisión.
Estas condiciones generan de forma natural desgaste. En las superficies de contacto pueden producirse pequeñas partículas metálicas y otros residuos, cuyo tamaño puede variar desde unas pocas micras hasta varias decenas de micras. A pesar de su reducido tamaño, estas partículas pueden afectar a los diferentes componentes móviles y provocar un desgaste acelerado.
Una vez presentes en el aceite, estas partículas pueden rayar las superficies, alterar la película lubricante, provocar desgaste abrasivo u obstruir determinados conductos y componentes.
La presencia de agua constituye otro riesgo importante, ya que puede favorecer la oxidación y la corrosión, alterar las propiedades del lubricante y perjudicar su capacidad para proteger correctamente las superficies en contacto.
Mantener un nivel adecuado de limpieza del fluido resulta, por tanto, fundamental para proteger los componentes mecánicos y garantizar un funcionamiento fiable de la máquina.
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La filtración, clave para mantener limpio el fluido

La función principal del sistema de filtración es retirar del aceite las partículas y residuos en suspensión y mantener el nivel de limpieza requerido durante el funcionamiento de la transmisión. Al limitar la contaminación del circuito, también se favorece la conservación de las propiedades del aceite y de la película lubricante encargada de separar y proteger las superficies en contacto.
Los beneficios se reflejan durante toda la vida útil de la máquina: mejor protección de los componentes, conservación de las propiedades del fluido durante más tiempo, reducción del riesgo de averías y una mayor disponibilidad de los equipos.
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¿Cuándo y cómo sustituir un filtro de transmisión?

La sustitución del filtro de transmisión debe realizarse siguiendo las recomendaciones del fabricante, que establece los intervalos de mantenimiento en función del tipo de transmisión, del aceite empleado y de las condiciones de servicio. La selección del filtro adecuado debe tener en cuenta también aspectos como sus dimensiones, el tipo de conexión o rosca, la capacidad de filtración y las especificaciones establecidas para cada modelo. En condiciones de uso intensivo, con cargas elevadas, altas temperaturas, ambientes con abundante polvo o ciclos de trabajo frecuentes, puede ser necesario reducir los intervalos de mantenimiento.
Cuando así lo contempla el programa de mantenimiento del fabricante, la sustitución del filtro puede coincidir con el cambio del fluido de transmisión. En los filtros roscados, debe respetarse el procedimiento y el par o grado de apriete recomendado para evitar fugas y garantizar la correcta estanqueidad del circuito. Y el cambio debe realizarse en condiciones de limpieza adecuadas para evitar la introducción accidental de contaminantes en el circuito.
La presencia de un filtro colmatado, un fluido muy contaminado o una cantidad anormal de partículas puede justificar una sustitución anticipada. En estos casos, además de sustituir el filtro, conviene identificar la causa de la contaminación para evitar que el problema vuelva a producirse.
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“La transmisión suele ser uno de los conjuntos más costosos de una máquina. Una avería puede provocar largos periodos de inmovilización, daños prematuros en los componentes y costes de reparación muy superiores a los derivados de un mantenimiento preventivo adecuado. Anticiparse a muchos de estos problemas permite reducir las intervenciones correctivas y mejorar la disponibilidad de los equipos.“

Las señales que deben alertar

Algunos síntomas pueden indicar la existencia de un problema en la transmisión o en su sistema de filtración: cambios de marcha lentos o irregulares, tirones, vibraciones, ruidos anómalos, temperaturas excesivas, pérdida de rendimiento o una presencia anormal de partículas en el aceite.
Ante estos síntomas conviene identificar rápidamente la causa mediante la comprobación del estado del fluido, del filtro y, de forma más general, del circuito de transmisión. En sistemas equipados con un indicador de colmatación o un sensor de presión, una alarma puede advertir de que el elemento filtrante requiere revisión o sustitución.

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